Nuestra historia

Somos una comunidad global de seguidores de Jesús, unidos para llevar el amor de Dios a quienes no lo conocen.

El amor generoso e ilimitado de Cristo es nuestro ejemplo.

Moldeados por Su presencia, abrumados por Su sacrificio y transformados diariamente por Su poder, nunca seremos los mismos. Su amor alimenta nuestra pasión para que todos oigan el evangelio y conozcan el profundo y transformador amor de nuestro Creador.

Así que vamos. No hay lugar demasiado complicado, gente que esté demasiado lejos, idea que sea demasiado loca, ni sueño demasiado grande y tampoco nos detienen nuestros fracasos. Decenas de miles de personas se han unido a esta causa y cientos de millones han escuchado el evangelio. Y seguimos hacia adelante.

Creemos que el amor de Jesús tiene el poder de cambiar a todas las personas y a cualquier circunstancia, incluso la realidad de los oprimidos, los olvidados y los marginados.

Creemos que la misión de Dios es transformar vidas y comunidades mientras reconcilia al mundo consigo mismo y es un privilegio unirnos a Él en esta misión.

Esta transformación no es solo para quienes servimos. Nosotros mismos somos transformados. Cuando damos un paso de fe, también comenzamos a cambiar personalmente. Nuestros corazones son transformados y por lo tanto nuestras actitudes, nuestras relaciones y nuestras prioridades también cambian. Nuestra alma se renueva y hallamos sentido en lo que Él nos creó para ser y hacer.

Somos personas que no encajamos en un molde, que no nos quedamos quietos y que disfrutamos de la aventura de servir en la misión de Dios. Lo primero que hacemos es escuchar. No nos limitamos a presentarnos en un lugar y proyectar nuestra forma de pensar o de hacer las cosas.

Nos despertamos cada día con la confianza de que el Dios que creó el universo, que derribó los muros de Jericó, que sanó a los ciegos y que resucitó a los muertos está con nosotros. Esto nos anima, nos empodera y nos mantiene constantemente activos.
Creemos que todos fuimos hechos para el cumplir el propósito de Dios. Todos. Nuestros talentos, dones y pasiones son las herramientas que Él nos dio. Si Dios nos hizo para diseñar, diseñamos. Si nos hizo para organizar, organizamos. Si nos hizo para construir, construimos. Queremos que nuestro trabajo y nuestras palabras hagan brillar Su luz y amor para que sean evidentes para aquellos con quienes vivimos y glorifiquen a Dios.

Su amor y misión alimentan nuestra pasión por desarrollar comunidades prósperas y resplandecientes de seguidores de Jesús que, en el momento que Él determine, conmoverán a cada habitante de la tierra.

Somos OM.

Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Mateo 28:19 (NVI)